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Afirma sentirse identificada con su personaje, ¿a qué se debe?
No. Identificarse es buscar un paralelismo personal de parecidos. No tengo nada que ver con Filomena Marturano, ni Mariana Pineda o Santa Teresa, no me identifico nunca, yo amo a los personajes. Ahora tengo la edad que el papel requiere. Cuando la hice entonces, me pasó como a Sofía Loren, que no tenía la edad necesaria, era un trabajo más de composición. Ahora es un trabajo más de verdad porque tengo más experiencia como actriz y mujer. Soy una actriz sin método, que ha estudiado todos los métodos, pero que al final ha decidido que lo mejor para una buena interpretación es poner tus emociones a la vez que aceptas las del personaje. Ya tengo una edad en la que he vivido, sufrido y disfrutado mucho. Hay una diferencia con Filomena, que ella no llora porque no ha conocido la felicidad y no se puede llorar por lo que no se conoce. Cuando hice este papel por primera vez no me costaba ningún trabajo no llorar, porque pasaba por encima de los diálogos del personaje. Lo que me cuesta ahora, y me concentro en el camerino, es no llorar hasta el final de la obra, porque Filomena no llora y yo sí.
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¿A qué se debe la falta de promoción de nuevos autores?
Por desgracia hay un rechazo por las compañías privadas y hago el mea culpa de no estrenar autores nuevos, que los hay. Todos los Estados tienen la obligación de estrenar a los autores noveles, porque el teatro es un riesgo económico muy grande y no puedes pedir a un productor ni a un grupo de teatro independiente que arriesgue de esa manera. Una de las obligaciones del Estado es que lo mismo que protege a pintores, escultores o músicos, que también nos proteja, sin embargo, la parcela de teatro es la más pequeña para la cultura. Entonces ellos tienen la obligación de gastarse el mismo dineral que se gastan en grandes montajes, con los clásicos tanto españoles como extranjeros, tendrían que gastarse ese dinero en montajes de actores más conocidos.
¿Por qué repite con Filomena Marturano ?
Filomena Marturano es un clásico del teatro universal. Filipo es uno de los autores más conocidos en el mundo y representado ininterrumpidamente desde que estrenó la obra. La hemos hecho esta obra porque le pedí volver a hacerla a Juan José Seoane (productor) y Ángel Fernández Montesinos (director). Yo soy actriz de tripa, a mí lo que me gusta es vivir otras vidas.
¿Cómo se le paga a una plantilla de once actores?
A los artistas se les paga con mucha dificultad. El teatro verdaderamente es heroico por parte del productor al montar una compañía en la que se llevan tantos actores y primeros actores, como es el caso de Héctor Colomé, que es fundamental en esta obra. Se llama Filomena Marturano, pero si no hubiera Doménico Soriano…, somos los dos y es importantísimo su papel. Es muy duro pero nos gusta.
¿Ha tenido que aceptar trabajos que no quería hacer para costear las deudas del teatro?
He tenido que hacer muchas cosas porque el teatro es el amor de mi vida y los amores de la vida siempre te dan disgustos.
Está unido todo y, en el teatro, desde que empecé en el 62, ya produje mi primera obra Las que tienen que servir, era productora ya con 22 años. Me he arriesgado mucho, he perdido mucho pero también he ganado mucho, como no tengo otro tipo de vicio.
¿Qué le ha dado el teatro?
El teatro me ha dado satisfacción, cariño por parte del público, que se cumpliera lo que le dije a mi madre: “Mamá quiero ser artista”, se han cumplido con creces todos mis sueños. De pequeña soñaba con estar en una rueda de prensa, que me pidieran autógrafos, salir al escenario y que me aplaudan. Eso es lo que soñaba y se ha cumplido.
¿Cómo vive la función cada día?
Para mí es un estreno cada día y en cada ciudad en la que se representa. Quizá antes el estreno era una cosa de nervios insufrible, ahora es ir a conquistar una nueva ciudad y un nuevo público. Para mi sigue siendo el estreno esta noche en el Romea, en Murcia, aunque no de la manera infantil de los comienzos, de una manera adulta. Yo ya vengo calentando motores desde ayer, no he dormido en toda la noche y he estado volviendo a leer el texto. Ángel Fernández Montesinos sabe que cada vez que llegamos a una ciudad vuelvo a leer la obra otra vez.
¿Qué tal sus últimas experiencias en cine?
En Bienvenido a casa (David Trueba) hago un papel estupendo de madre posesiva, y junto a Ana Belén queremos hacer una película con Juan Luis Iborra. El cine español y mundial está atravesando un mal momento. Ahora tiene que producirse pensando ya en los que se lo bajan de Internet y no van a las salas. Al menos, los que hacemos teatro sabemos que la función de hoy es irrepetible y no se la pueden bajar de Internet. El teatro es el único medio vivo y cada día distinto.
¿Qué queda de la Concha Velasco que empezó?
Desde la época de Las chicas de la Cruz Roja me queda la ilusión por mi trabajo por la vida y por permanecer. Doy las gracias a Dios todas las noches y mañanas de mi vida.
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