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                                                         AY AMOR    

 Son las una y media de la madrugada y el espejo en este momento me muestra mi amargura, compruebo que es cierto: la locura se revela en la carne, además  estoy dejando crecer mi barba, la dejadez de varios días sin moverme de la habitación del hostal. Toda mi felicidad esta formada alrededor de él, por ese motivo, y siento que no puedo seguir adelante, continuamente me pregunto: ¿Cómo se sigue sin esa felicidad? Me ha hecho sufrir tanto, y siento un gran impulso de verle en este momento, me coloco las zapatillas y cojo las llaves del coche, bajo las escaleras, de madera, muy deterioradas…Es el típico bloque del viejo Madrid, del Madrid más casto y puro que se conserva hoy en día.

 La calle está, como siempre, llena de gente que me mira. Monto en mi coche antes de que intenten pararme, conduzco hasta la calle Don Pedro, esta calle tiene un sabor especial, perteneciente a uno de los barrios más bonitos de todo Madrid, nostálgicos recuerdos me abruman en este instante, pero no es momento para eso...Y paro mi coche ante su casa, a través de los cristales compruebo que la luz del salón está encendida, y con tristeza contemplo que está cariñosamente abrazado a ella, noto como de mis ojos salen dos lágrimas, que enrojecen mis mejillas y empobrecen mi alma.  

 Aparco el coche en la puerta de casa y camino a sentarme en la barra de una vieja y sucia tasca, allí mientras miro al infinito y le recuerdo abrazado a ella, noto como a mí alrededor la gente se divierte y ríe.

 -Dígame que desea caballero.- me susurra un hombre bastante anciano, con un peinado peculiar, sus ojos son saltones y excesivamente grandes…

 -Sí, póngame una copa de whisky doble por favor, gracias   Mientras bebo recuerdo todas las veces que me dijo que me quería, cada copa me daba en ese momento: un te quiero de él en mi cabeza, así que para oírlo continuamente seguí bebiendo, para continuar escuchándolo, sintiendo su voz en mi cuello y oliéndolo. Empecé a no encontrarme nada bien, la vieja tasca me daba vueltas y su voz cada vez me hablaba más de cerca, se me aceleraba el corazón cada vez que le oía, y de vez en cuando miraba a los lados, por si era cierto que se hallaba a mi lado.

 Las vueltas y vueltas que me daba la cabeza me hicieron colocarla encima de la mugrienta barra, que el anciano hombre intentaba limpiar con un viejo trapo, se puso muy cerca de mi y me dijo:  

 -Señor, vamos a cerrar ¿se encuentra bien? ¿Usted es el famoso Luis de Mendoza?

 -Sí soy yo, y estoy bien gracias, un poco mareado, pero bien.   

 Camino hacia el hostal, al subir las escaleras no soy capaz de distinguir si siguen igual de deterioradas que antes. Después de pasar casi diez minutos intentando abrir la puerta de mi habitación sin resultados, consigo encajar la llave. Acuesto mi cabeza sobre la almohada y  pocos segundos después me quedo dormido.    

 Despierto sobresaltado, el teléfono parece estar sonando más fuerte que nunca, y la cabeza me da vueltas como una peonza. Salta el buzón de voz:-Luis, se que estás ahí, cógelo por favor, te lo explico todo, venga que me preocupo llevo toda la mañana llamando…- corro al teléfono, a pesar de que la cabeza no aguanta en pie.

 - Fernando- le digo con amargura.- Luis, llevo toda la mañana llamándote ¿Qué te pasa?- Nada, que estaba dormido.-dije confuso, sin saber exactamente que acababa de decir.

 - Oye que si quieres voy al hostal y te explico lo que me paso ayer…ya se que estas arto de que te explique lo mismo pero, me quedo más tranquilo.

 - Como quieras.-contesté entre sollozos.

 - En dos minutos estoy ahí, mi amor.-me dijo, ¿qué falso sonaba no?   

 Echo mi cabeza en el sofá y me quedo dormido, escucho el timbre y como siempre, cuando se que es él, corro como una bala hacia la puerta. La abro y me abraza, y una punzada me dio el corazón al recordar la noche anterior cuando hacía lo mismo con ella.

 - Cariño, ayer le dije que iba a la oficina a arreglar unos papeles pero, me pidió que no me fuera, además Bea se puso un poco malita, bueno… Ana se asustó, me dio pena y me quedé con ella, lo siento.

 - Ya, y me dejaste plantado por ella.

 - Luis, es mi mujer.

 - Fernando, eres homosexual, ¡y cada día de tu vida me dices que se lo vas a decir! Pero eso no es lo peor, lo peor es que yo te creo.- y como siempre surcan dos lágrimas de mis mejillas, que me queman como si fuesen fuego.

 - Tengo dos hijas Luis… Pero yo te prometo, o te juro que esto se acaba hoy mismo, ¿eh?- me dice secándome las lágrimas.

 - Fernando, lo de siempre.- el dolor que yo siento en el pecho es distinto al que experimento otras veces, es tan fuerte, tan profundo…que parece que de un momento a otro la muerte me rodeará con sus fríos y amargos brazos y me llevará con ella.

 - Esta vez es verdad…te lo juro, y hoy a la salida del teatro te estaré esperando y ya se lo habré dicho- se acerca a mi lentamente y me regala un apasionado beso.   

 Hoy me entrego completamente a mi público, les doy lo que llevaba bastante tiempo sin darles, a la salida del teatro La Latina, lo busco con la mirada durante un buen rato, pero no lo veo. Camino hasta la calle Don Pedro y tras el vidrio de la ventana descubro como juega y abraza a su hija pequeña, y más tarde su esposa se sienta junto a él y le agarra la mano con cariño. Sonreí mientras una lágrima recorría mi cara, y una pequeña carcajada salió de mi interior.   

  Me dirijo a la tasca del día anterior, me siento en el mismo asiento en la barra. Y escucho en mi interior la canción de Bola De Nieve “Ay Amor”. Amor yo se que quieres llevarte mi ilusión, amor yo se que puedes también llevarte mi alma, pero ay amor si te llevas mi alma llévate de mi también el dolor, si solo queda en mi dolor y vida…ay amor no me dejes vivir…

 - Buenas noches Don Luis, se dice por aquí que hoy a sido todo un éxito. A celebrarlo ¿no?- me dice el anciano de ojos saltones, acercándose lo suficiente para que pueda oírle.

 - Eso dicen un éxito… ¿a celebrarlo? Más o menos.

- Whisky doble ¿no?

 - Sí, por favor.

 - JUSTINIANO, WHISKY DOBLE PARA EL SEÑOR.   

 De nuevo en cada copa recuerdo cada te quiero, esta vez me salgo horas antes de que cierren… me dirijo al único sitio dónde estoy a salvo, donde nada me puede hacer daño, donde yo soy el único protagonista: al teatro. Una vez en La Latina, entro a mi camerino y en el cuarto de baño agarro mi vaso y mi botella de Whisky, unos hielos de la mini nevera y un bote de somníferos. Coloco una silla en el centro del escenario, bendita silla en la que he descansado tantas y tantas veces en los ensayos, en esta silla me he sentado como aristócrata, poeta, galán, fanfarrón, he incluso como uno de los grandes genios, y hoy me siento como yo mismo, un hombre con el corazón destruido en pedacitos tan pequeñitos, que es imposible reconstruirlo. Y sin dudarlo meto en mi boca un puñado de barbitúricos, y un gran trago de Whisky. Me siento como cuando acabo una función, cansado y un poco triste. Oigo los aplausos del público y los veo, veo la sala llena de gente, me aplauden hasta que muy cansado cierro mis ojos llenos de lágrimas. 

                              POR MARTA LVK

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